Depresión

La depresión infantil tiene una prevalencia (en España) de un 2-3% en niñxs de 9-10 años, aumentando este porcentaje hasta más del 8% en población adolescente. Los síntomas varían en función de la edad, siendo la ansiedad (manifestada a través de fobias y de enuresis y encopresis) el síntoma más común en preescolares. A partir de los 7 años se puede observar apatía, irritabilidad, agresividad, letargo o hiperactividad, tristeza y sensación de aburrimiento y culpabilidad, falta de concentración, disminución del rendimiento escolar, entre otros.

Ansiedad

1. Ansiedad por separación

Aparece un miedo o ansiedad intensos relacionado con tener que separarse de una persona con la cual le une un vínculo estrecho (madre, padre, etc.)

2. Mutismo selectivo

El mutismo selectivo consiste en la inhibición del habla en determinadas situaciones sociales (en el colegio, con determinadas personas, con compañeros de juego…) donde se espera que el niño hable. El niño restringe su respuesta verbal a ciertas personas de “confianza”, normalmente sus padres o hermanos.

El mutismo selectivo se asocia con un componente de ansiedad ante situaciones sociales e interfiere negativamente en el rendimiento escolar y en la interacción social, por lo que representa un problema a tratar.

3. Fobias

Miedo o ansiedad intenso respecto a un objeto o situación específica, que se evita o se soporta a costa de un intenso malestar

4. Ansiedad generalizada

Ansiedad y preocupación excesiva que las personas tienen dificultades para controlar

Duelo

El dolor por la pérdida de alguien querido es un sentimiento que aparece en todas las personas, pequeñas y mayores.

Muchas veces los adultos no saben cómo afrontar con sus hijos el fallecimiento de un familiar y para evitar su sufrimiento les ocultan la noticia u ocultan su propio dolor cuando el menor está delante.

Sin embargo, el proceso de duelo es algo normal, necesario y adaptativo. Que los niños sientan el dolor de la pérdida es necesario para que puedan superarla. Por eso es importante que lo más pronto posible, se busque un momento adecuado para explicar lo ocurrido con palabras sencillas y sinceras, ya que de lo contrario el niño se dará cuenta de que su entorno ha cambiado y de que su familia sufre, sintiéndose confuso y asustado.

Debemos dejar que se exprese, que cuente lo que siente, recordar cosas bonitas que se han vivido y sobre todo mantenerse física y emocionalmente cerca del niño: abrazarlo, escucharle, llorar con él…

Permitir al niño asistir y participar en el funeral o el entierro, puede ayudarle a entender el paso de la muerte e iniciar mejor el proceso de duelo. En caso de que el niño no desee asistir debemos mostrarle nuestro apoyo en su decisión, para evitar que se sienta culpable.

En Eiruga orientamos a los padres para que ayuden a sus hijos en su proceso de duelo y ofrecemos asistencia en los casos donde el duelo no se ha elaborado de manera correcta.

La muerte es algo natural y como natural debe de ser enfocada, incluso con los más pequeños.


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