Problemas de conducta

Hiperactividad

La hiperactividad entendida como síndrome (conjunto de signos y síntomas) puede originarse por múltiples causas: puede deberse a una forma de ser vinculada a la genética, puede ser un problema educativo o pedagógico, puede deberse a una disfunción, puede ser consecuencia de dificultades socioemocionales… Con el llamado TDAH o Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad ocurre lo mismo.

De la misma forma, existen muchos factores ambientales que pueden contribuir a mantener o agravar esta conducta. La velocidad de desarrollo infantil, el ritmo de estimulación y de exigencia, los juguetes, el esquema de vida familiar y los planes educativos tienden a la aceleración, la hiperestimulación y la hiperexigencia.

Claramente no todos los niños hiperactivos son iguales, por lo que en Eiruga, a través de un proceso de evaluación exhaustivo, tratamos de determinar los factores que tienen más peso en el origen y mantenimiento de la hiperactividad, para poder actuar sobre ellos.

Conductas disruptivas

Niños desafiantes, desobedientes, negativistas, o propensos a las rabietas constituyen una parte de las demandas más habituales en Psicología infantil. Detrás de estas conductas existen diferentes explicaciones: un problema de vínculo, una propensión genética, unas pautas educativas incorrectas, una excesiva sensibilidad… Cada uno de estos factores aporta un peso determinado en la manifestación del problema.

En Eiruga trabajamos con el niño y con las familias tratando de localizar esos factores que acentúan o perpetúan el problema, para poder trabajar sobre ellos y buscar soluciones.

Problemas de sueño

Conducta alimentaria

Los conflictos en torno a la comida son uno de los problemas por los que más atención se demanda en Pediatría.

Entre los niños, al igual que entre los adultos, existen diferencias con respecto al peso, la talla y el apetito. Tenemos que asumir esas diferencias con la misma naturalidad que asumimos las diferencias entre los adultos.

¿Qué preocupa a las familias?

Podemos destacar 2 tipos de preocupación entre los padres:

  1. El niño come muy poco

Una vez hayamos descartado un problema orgánico, debemos confiar en las señales de apetito y saciedad que todas las personas tenemos. Puede ocurrir que en períodos de rápido crecimiento necesitemos más aporte calórico y como consecuencia tengamos más apetito. Y otros períodos en los que no. Por supuesto, es normal que durante una enfermedad nuestro apetito disminuya.

Comer poco o aumentar de peso de manera lenta no implica que exista un problema. El problema sería perder peso de manera significativa

  1. El niño come poca variedad

Es menos común que un niño pequeño coma de todo, que que rechace varios alimentos. Si hiciésemos una lista de lo que el niño come, probablemente comprobaríamos que sus elecciones le aportan las calorías y nutrientes que su cuerpo necesita.

¿Qué podemos hacer en casa?

- La regla de oro es NO OBLIGAR A COMER AL NIÑO: En cuanto seamos capaces de asumir y respetar su ritmo de desarrollo y no nos sintamos culpables por “abandonar” la lucha diaria de la comida, las cosas empezarán a ir mejor. El niño no comerá más gracias a esto; pero las tensiones se aliviarán y todos nos sentiremos mejor.

- Sé positivo: Trata de que la hora de la comida sea un momento agradable. Deja de lado las conductas alimentarias y céntrate en aspectos positivos de su comportamiento.

- Nada es tan contagioso como el ejemplo: Que papá y mamá disfruten de todo tipo de alimentos saludables, tanto en casa como fuera de ella, es una de las mejores formas de que tu hijo aprenda a comer de todo.

- No utilices la comida como premio o castigo (ni premies o castigues su conducta alimentaria).

- Evita dulces o bollería industrial entre horas. Si tiene hambre se le puede ofrecer una fruta, un yogur, un bocadillo…

- Una vez se haya “desensibilizado” el momento de la comida (y ya no se viva de forma estresante), podemos intentar introducir nuevos alimentos en la dieta. Lo haremos de uno en uno, en pequeñas cantidades y junto a otro alimento que le guste. Pero no le forzaremos a que lo pruebe.


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